La clave de la información local

En Doña Juana: Peñalosa hace oídos sordos a los reclamos de la ciudadanía

0

Bogotá merece una tecnología de disposición de residuos a la altura de sus necesidades, con soluciones estructurales. No se puede seguir enterrando la basura, envenenando el aire y el agua de las zonas rurales y enfermando a sus campesinos. Es urgente poner en el orden del día la discusión sobre qué es lo que más le conviene a la ciudad, porque si se sigue aplazando terminará inundada por sus propios desperdicios.

En el país hacen falta más de 3,3 billones de pesos para contar con sistemas adecuados de disposición final de residuos.

En Colombia, el manejo de residuos sólidos enfrenta graves problemas. Uno de los principales, la falta de programas efectivos de reciclaje. La tasa actual de aprovechamiento es de apenas el 17% y es muy probable que en menos de diez años colapsen los rellenos sanitarios de 321 municipios, empezando por el de Bogotá, como lo aseguró el senador Jorge Enrique Robledo.

Antes de que existiera el Relleno Sanitario de Doña Juana, (RSDJ), la ciudad hacía disposición de los residuos sólidos en El Cortijo, localidad de Engativá, y en Gibraltar Sur, localidad de Ciudad Bolívar. En 1955 se creó la Empresa Distrital de Servicios Públicos, (EDIS), para administrar, entre otros, todo lo concerniente con el manejo de basuras.

Una propuesta presentada en 1971 para modernizar la recolección solo se retoma en 1985, cuando se decide tener un solo relleno para la ciudad. El RSDJ fue adjudicado a la firma privada PROSANTANA y comienza a funcionar en 1988, fecha en la que el Distrito autoriza la contratación de particulares, con el pretexto de que las protestas laborales en la EDIS estaban estorbando la recolección.

Para 1998, la tonelada recogida le costaba a la EDIS $8.750, mientras que en la adjudicación a los particulares el precio promedio fue de $12.068 (http://bit.ly/2vJlrtH). Se convirtió la recolección de basuras en un negocio de grandes ganancias para los privados como su principal fin.

El Relleno fue contratado para tres años. Hoy lleva 29 años y sigue contando. Cuando comenzó a operar, carecía de planta de tratamiento de lixiviados, no había filtros ni pasantes ni conectores que les permitieran salir de los taludes.

La tragedia era inevitable. El 27 de septiembre 1997, se derrumbaron 1’200.000 toneladas de basura, que taponaron el río Tunjuelito y las calles aledañas, afectando 138 barrios y 6.711 habitantes (http://bit.ly/2iJ4JbY). Los perjuicios causados por este hecho no han sido subsanados y se esperan unos costos altos para el Distrito.

El manejo inadecuado a lo largo de 29 años ha causado concentraciones contaminantes con unos niveles altamente tóxicos. El aire contiene partículas de PM10, que superan las normas locales en un 75%, y además xileno y benceno, gas incoloro que puede causar convulsiones, alteraciones cardíacas y leucemia (http://bit.ly/2wquels)

Actualmente, el RSDJ cuenta con una planta de tratamiento de lixiviados, que vierte en la quebrada Yerbabuena y el río Tunjuelito. No hay una política coherente para reducir los residuos sólidos. Del total que ingresaron al relleno en 2016 solamente se llevaron a patios de aprovechamiento el 7% de plásticos, el 7,5% de metales, el 1,3% de vidrio, el 18,2% de papel; el 50,1% de orgánicos y el 15,9% de cartón (http://bit.ly/2vvrZjQ). La tecnología es ineficiente, no hay políticas conjuntas que resuelvan el problema de fondo y existe maltrato a los trabajadores.

Todo lo anterior ha hecho que la población afectada se esté organizando y exigiendo al gobierno de Bogotá soluciones reales y estructurales. Sin embargo, Enrique Peñalosa hace oídos sordos a los reclamos que está haciendo la comunidad de las localidades de Usme y Ciudad Bolívar, agobiados por las moscas, las ratas y los malos olores provenientes del Relleno. Busca que ese sufrimiento se prolongue por lo menos 50 años, más con la expansión de Doña Juana.

Bogotá merece una tecnología de disposición de residuos a la altura de sus necesidades, con soluciones estructurales. No se puede seguir enterrando la basura, envenenando el aire y el agua de las zonas rurales y enfermando a sus campesinos. Es urgente poner en el orden del día la discusión sobre qué es lo que más le conviene a la ciudad, porque si se sigue aplazando terminará inundada por sus propios desperdicios.

Publicado originalmente en KienyKe

[socialpug_author_box]

A %d blogueros les gusta esto: